«Tarot y constelaciones familiares» de Daniel Rodés y Encarna Sánchez
Arquetipo del diablo, la sombra, los aspectos que no queremos reconocer de nosotros mismos. El verdugo o tirano. La liberación se produce a través del arquetipo del payaso, la espontaneidad, el reírse de uno mismo. Nos recuerda que no hay que darle importancia a las cosas. La ley de la multiplicación. Todo se puede dividir en partes más pequeñas y multiplicarse. La generación y la sexualidad.
La meditación en esta carta nos despierta el valor para enfrentarnos a situaciones difíciles. Nos hace conscientes de nuestros miedos y limitaciones concretas. Nos ayuda a reconocer nuestra negatividad para poder transmutarla. Despierta la espontaneidad. Nos da la fuerza para materializar los proyectos y obtener la abundancia. Nos ayuda a sacar la rabia, el dolor y las energías negativas que nos esclavizan.
Es frecuente que aparezca el Diablo cuando alguien ha sufrido abusos, violaciones o castigos en su infancia o adolescencia. En estos casos puede quedar grabado en el inconsciente el miedo a relacionarse sexualmente o emocionalmente con los demás. Con frecuencia la persona esconde o trata de olvidar esos hechos, algo que también muestra la carta del Tarot, con los dos personajes que tienen las manos detrás de la espalda.
Por otra parte, este arcano refleja una situación de imposición y sometimiento. Por ejemplo, cuando una mujer acepta malos tratos por miedo a su futuro económico. El Diablo refleja a personas iracundas que mediante la violencia someten a las demás y que llegan a convertirse en déspotas. Esas personas se sienten fuertes e importantes y el esclavo se hace cada vez más pequeño e insignificante. Si observamos los personajes de la lámina vemos que el Diablo es de mayor tamaño que la pareja atada a sus pies. Los traumas y las experiencias que han dejado huella pueden transmitirse de generación en generación originando miedos y temor a avanzar o tomar decisiones.
El Diablo es el Guardián del Umbral. Es todo aquello que trata de perturbarnos constantemente para dejarnos atrapados en los problemas y las limitaciones. Invade nuestra mente y nuestras emociones proyectando ideas negativas y miedos: a la muerte, a las carencias, etc. Nos hace creer que somos incapaces de cubrir nuestros gastos. Este arcano nos atemoriza cuando gastamos en caprichos, ya que su objetivo es tenernos arruinados y enfermos para conseguir que entreguemos nuestra alma al Diablo a cambio de prosperidad y una vida fácil.
El Diablo representa la sombra de todo lo que rechazamos, de todo lo que tememos, de todo de lo que huimos: la pobreza, la enfermedad, la vejez, etc. Inconscientemente negamos estas cosas pero el Diablo se nos aparece una y otra vez a pesar de que no queramos tenerlo a nuestro lado. Siempre terminamos hablando de nuestros problemas económicos, preocupándonos por la salud y el paso de los años, etc. Vemos al Diablo como enemigo cuando debería ser nuestro compañero de viaje para saber desenvolvernos en el mundo material. Nos sentimos amenazados cuando recibimos exceso de críticas de la gente, ya que nos importa mucho lo que opinen de nosotros. Todos son miedos e imposiciones. Creamos unas obligaciones que nacen por el temor y no por el amor. Tenemos que aprender a escapar, a actuar siempre con el corazón y a unir nuestras fuerzas humanas con las divinas. Por eso el Diablo tiene dos colores: tierra y azul celeste. Lo importante es hacer las cosas bien y con el corazón y dejar que las fuerzas divinas nos dirijan. Eso es vencer al Guardián del Umbral. No permitir que cueza en nuestro interior el odio y el rencor. El amor es libertad y luz para vencer en el camino y poder alcanzar la iluminación. El Guardián del Umbral nos dice:
«Mis víctimas me piden castigo y yo se lo doy. Les ayudo a expresar en acción la rabia que sienten hacia si mismos. Me invitan una y otra vez a golpearlos, maltratarlos, encerrarlos, castigarlos. Me piden de una forma u otra que le dé su merecido. Buscan librarse de su culpa recibiendo mis castigos. Mi deber es castigarlos hasta que aprendan a perdonarse y a recuperar su dignidad perdida. Yo no siento piedad, ni respeto por ellos. Estoy dispuesto a ser su verdugo y a proporcionarles todo el sufrimiento que requieran. Es mi papel. Cuando los demás reaccionan y dicen «basta», entonces ya he terminado mi misión.»
Detrás de toda víctima hay un castigador y detrás de un débil hay un opresor. La víctima suele salir con el Colgado y el verdugo, con el Diablo. Sentirnos culpables atraerá a nuestras vidas verdugos que nos dominarán. Una actitud atrae a la otra.
Este arquetipo en positivo es el payaso, que es la capacidad de reírse de uno mismo, de tomarse la vida con alegría y no darle importancia a las cosas. Cuando le damos exagerada importancia a los problemas de la vida, éstos se vuelven mucho más grandes. Cuando alguien tiene una grave enfermedad, por ejemplo, se da cuenta de que muchas de las cosas a las que les damos importancia en realidad no la tienen. El payaso no le da importancia a las cosas y de este modo no se preocupa ni se obsesiona. Vive con alegría y humor. Nos permitirá reconocer esa sombra o lado oscuro que no queremos reconocer en nosotros mismos, donde se hallan nuestras emociones inferiores y los instintos animales.