Arquetipo del sabio interior. El sentido común. En sentido negativo, el sabiondo. Se relaciona con la ley del hermetismo. Todo necesita un periodo de oscuridad y silencio antes de salir a la luz, como, por ejemplo, una semilla mientras germina en la tierra.
El Ermitaño representa el arquetipo del sabio que todos tenemos dentro. La capacidad de asimilar las experiencias de la vida. Si no las asimilamos pueden reflejarse en problemas de salud en los intestinos ya que éstos tienen la función de asimilar los alimentos y desechar lo que no sirve. El deseo principal del sabio es descubrir la verdad. Su meta es usar su inteligencia y análisis para entender el mundo. Nos ayuda a trascender la personalidad y conectarnos con las verdades cósmicas. Sus características positivas son que nos ayuda a observar los eventos cotidianos de nuestras vidas para asimilarlos y comprenderlos. Sus características negativas son ver la vida como algo sin sentido y no reconocer los patrones patológicos de nuestro comportamiento.
Escondido en lo más profundo del corazón del hombre, se encuentra el ser que procede del Principio Divino y que contiene todo el potencial para construir nuestro universo personal. Tiene todos los poderes, el amor, la armonía, el poder del éxito para vencer todos los obstáculos de la vida. Para descubrirlos es necesario la búsqueda interior y estar con la mente en silencio para oír la voz del alma y, a través de ella, a Dios.
Cuanto más practiquemos la meditación mejor oiremos a Dios. Poco a poco se va desarrollando la intuición. Cuanto más nos purifiquemos y nos perfeccionemos, mejor podremos escuchar los grandes misterios que tenemos ocultos en el interior, alcanzando un nuevo camino, un nuevo futuro. El hombre que no abre su mente a causa de sus esquemas mentales no encontrará la verdadera luz. La sabiduría concede la libertad, mas si permanecemos encerrados por nuestros prejuicios sociales o la pereza, podemos seguir ciegos y no ver la verdad divina. Unamos nuestra alma con el Ser, lo que nos despertará la felicidad, la armonía y el amor.
Desde el principio de los tiempos, Dios manifestó a través de los profetas que los hombres justos que trabajan con humildad y pureza de corazón pueden encontrarse con él a través de la meditación. Las tablas de la Ley de Moisés fueron rotas cuando los judíos adoraron al becerro de oro. A partir de entonces, el conocimiento hermético se transmite boca-oído para que nadie pueda distorsionarlo. Las personas entienden y razonan con la lógica, y las fuerzas cósmicas tienen que ser entendidas desde el corazón. Se deben sentir, no razonar.
El espíritu superior habita dentro del corazón y para que pueda brillar debemos trabajar con la mente y los impulsos que procedan del inconsciente. Éstos nos informan sobre la energía acumulada de otras vidas. Si hubo errores, lo sabremos porque sufriremos malas frecuencias. Por eso es necesario transformar y limpiar todos los errores del pasado a través del Ermitaño, que nos pone en contacto con las leyes y las jerarquías celestes.
Cuando nuestra alma decide que debemos experimentar nuevas acciones o retomar otras que dejamos incompletas, podemos enfrentarnos a problemas. Son los exámenes kármicos. Se aprueban si nuestras relaciones están presididas por el respeto, el amor, la comprensión y las buenas acciones. En caso contrario, si no aprendemos a rectificar viejos odios y resentimientos, acumularemos pensamientos y sentimientos de insatisfacción. El Ermitaño puede señalar estados depresivos, por ejemplo cuando una persona ve que las cosas comienzan a salirle mal y echa la culpa a los demás, en vez de tratar de comprender las causas de sus problemas y rectificar su actitud ante la vida.
Como arquetipo, el Ermitaño nos conecta con el sabio interior. Es el sentido común, que a veces es el menos común de los sentidos. Él nos diría:
«Yo soy el guía que muestra el camino, la solución y el mejor consejo. Soy el maestro que conserva la sabiduría popular de los abuelos, el terapeuta que refleja a los demás como un espejo que no distorsiona lo que ve. Yo soy el que predica con el ejemplo y promueve los valores de la honestidad, la sinceridad, y el respeto. Yo soy el que cultiva la compasión y ayuda a los demás.»