Arcano 7: el Triunfo

«Cuando la ciencia entre a tu corazón y la sabiduría sea dulce a tu alma, pide y te será dado». Entra, Señor, en mi corazón y desde aquí irradia amor; el amor es entrega y sacrificio.

Este arcano simboliza la fuerza de voluntad del hombre para mantener su camino de evolución en la Tierra, conquistando su propia existencia, manifestando en ella a Dios. Domina, entonces, sus pasiones, renunciando a los deseos de un mundo dual, y se encausa en búsqueda de su destino, que aún desconoce.

Supervisando permanentemente al ego, poniéndolo al servicio del Ser, haciéndonos dueños de la conquista, siendo conscientes de nuestro motor divino, la Fuente nos guía en el camino correcto. Otro aspecto para trabajar en este arcano es la tentación de actuar en nombre propio, como amo y no como servidor.

Desarrollando nuestra personalidad vamos elevando y reconociendo nuestra mente inconsciente, comprendiendo la realidad exterior y nuestro potencial interno.

La ley, la conducta y la rectitud que nos llevan al cumplimiento también son símbolos de esta carta.

El Triunfo tiene que ver con el andar, con el hacer camino. A medida que avanzamos por los caminos de la vida, se van planteando diferentes enigmas, que están relacionados con nuestro interior, representados en el arcano por las esfinges; y, a medida que los vamos resolviendo, este camino se va allanando. Cuando no sabemos definirnos y nuestra imagen es borrosa, brumosa, se dificulta identificar el objetivo, no nos animamos a caminar. Descubriendo quiénes somos, la imagen de nuestro Ser, que al comienzo es indefinida, se va haciendo cada vez más nítida: vamos quitando capas para encontrar nuestra luz, la Luz que alumbra el camino eterno de la evolución.

Este arcano se puede definir también como un vehículo ascensional, así lo estamos relacionando con la merkaba.

En Egipto antiguo, merkaba significaba «carro»; mer, «campo rotatorio de luz dinámico»; ka, «espíritu»; y ba, «cuerpo». La merkaba es un transporte espacio-temporal, símbolo del hombre espiritual que, a través de la respiración pineal-perineo, logra la apertura del corazón, emociones claras, transmutación de miedos y vitalidad.

Más de una vez sentiremos necesidad de abandonar este camino, pero sabemos que los objetivos requieren compromiso, constancia y perseverancia, y que alcanzarlos nos otorgará paz, tranquilidad y armonía. Para realizar un trabajo de integración necesitamos acción y movimiento.

Y en el séptimo día Dios completó su obra y descansó, retirándose al corazón del hombre, para cimentarse en su interior, al recordad la divinidad que Él es, el hombre emprende el camino de su vocación.

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